Un mundo sin judíos: el sueño de Hitler todavía nos hace sentir mal

26/Ago/2014

Radio Jai

Un mundo sin judíos: el sueño de Hitler todavía nos hace sentir mal

El historiador Alón
Confino conecta el origen del actual antisemitismo global a la revolución ética
expresada en La Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht).
«En el suicidio del
último judío en el mundo en la última sala cinematográfica del mundo» es
el título de una pelicula de corto metraje de David Cronenberg presentada en el
festival de Cannes de 2007.
En la película de cuatro
minutos de duracion, comentaristas de televisión ansiosos, lo convencen al
último judío, interpretado por Cronenberg, de suicidarse. El director
canadiense, cuya nueva película «Mapas a las estrellas» debutó hace
poco en Cannes, explicó que el cortometraje estaba inspirado en la declaración
de objetivos fundamentales de Hezbolá en 1992 , que afirma continuar la guerra
santa “hasta la eliminación de Israel y hasta la muerte del último judío sobre
la faz de la tierra”.
La meta política de
Hezbolá—hacer desaparecer a los judíos, no por medio de magia sino por medio de
asesinato—se debe obviamente al nazismo. Hezbolá ve la destrucción de Israel
como medio de lograr un fin:—la desaparición de los judíos de la historia de la
humanidad—y el líder del movimiento, Hassan Nasrala, ha alentado frecuentemente
a los judíos a inmigrar a Israel para que su movimiento pueda llevar a cabo su
aniquilación con más facilidad.
“Es muy interesante
escuchar a alguien decir que nuestro objetivo es matar a cada judío en el mundo
allí donde se encuentre”. Cronenberg le dijo a un entrevistador: “Esto me
incluye a mí y a mis hijos. Esto requiere una reacción”.
La lucha nazi “no se
libró por causa de territorios o estados, o ejércitos” enfatiza el historiador
Alón Confino. “La razón era identidad.
Para los nazis, los
judios representaban la Biblia. No eran enemigos raciales. Eran los símbolos de
la moralidad. Gran parte de la propaganda nazi con respecto a los judíos, los
describían como una amenaza racial, pero el mensaje crucial, Confino argumenta,
era que los judíos representaban la ley moral de un mundo anacrónico.
El judio debia ser
destruido, para así reemplazarlo por una nueva y pura visión del la nación
alemana, un pueblo libre de ligamentos arcaicos tales como hacer el bien. Esta
revolución ética requería una solución definitiva: asesinato masivo.
La Noche de los Cristales
Rotos trajo aparejada mucha prensa internacional negativa, cosa que Hitler
quería evitar. Hitler nunca mencionó a La noche de los cristales rotos en
ninguno de sus discursos, ni aludió a ella en sus círculos cercanos, que se
sepa. Tampoco permitió otro pogrom en suelo alemán.
La exterminación de los
judíos europeos debería hacerse silenciosamente y sistemáticamente, en lugares
distantes y nunca en la proximidad de alemanes que podrian sentirse perturbados
por el asesinato de sus vecinos judíos.
Sin embargo, hubo un
aspecto de La noche de los cristales rotos, que fue decisivo en el genocidio
posterior de los judíos.
La quema extendida de
laTora a traves de toda Alemania significaba para los nazis liberarse de las
cadenas de la moralidad que ellos necesitaban para imponer un nuevo orden en el
mundo. Durante La noche de los cristales rotos, se incineraron miles de libros
de Tora, y otros fueron arrastrados por el barro, y más de mil sinagogas fueron
destruídas.
Todo rumor de
exterminación era, por supuesto, cierto, pero todavía parecía misterioso,
increíble. Todo lo que les acontecía a los judíos era ya un hecho consumado; ya
habian desaparecido como pueblo.
Su existencia se
convirtió en cuento, y las historias sobre su desaparición tomaban un aire
nebuloso y perturbador. Los alemanes sentían que algo terrible les estaba
sucediendo a los judíos, pero también sentían que los judíos ya habían partido,
señalados para morir.
Los nazis prometieron un
nuevo mundo letalmente inocente, una cultura totalmente desprovista de su
antigua moralidad. Pero esa moralidad se resistía a irse. Los judíos
significaban demasiado para los alemanes aún después de desaparecidos
físicamente. La culpa no puede ser desarraigada, menos aún cuando se toma parte
en semejante crimen sin precedentes.
Hay destinos peores para
un pueblo, especialmente después del trauma que Confino menciona en su libro.
Pero como Nasrala gusta de hacernos recordar, no llegamos allí todavia.